jueves, 21 de enero de 2010

la prisa


Cuando estuve en El Cairo, me llamó la atención el ritmo de la vida, la cadencia de las rutinas de las personas.

Alli no hay prisa, todo lleva un tempo lento, como en un adaggio, todo transcurre sin sobresaltos, sin golpes de timbal o de platillo...

Las mujeres salen a la calle, siempre en grupo y se van cubriendo el rostro, unas a otras, con lentitud, con sus ligeras piezas de lino teñido de un azul añil o de un rojo cayena....desde que estuve en El Cairo echo de menos esos colores no los he vuelto a ver con aquella nitidez, con aquel brillo, con aquella luz.
A orillas del Nilo, hasta el sol se toma su tiempo para desaparecer, permanece quieto ahí, en medio del cielo, bajito, bajito, rozando el horizonte pero sin apenas tocarlo...
Rozar, que bonita palabra...parece suspendido flotando entre la bruma que se levanta del calor, se queda mucho rato, hasta que al final parece que se decide a posarse en las aguas tranquilas de ese gran río y al final desaparece, dejando un color dorado en todo aquello que miras.

Una amiga de la infancia, llamaba a ese tono del sol: "el sol que sienta bien". Ella opinaba que aunque seas fea, muy fea, si te bañaba la luz del sol en su ocaso, te volvías bella, radiante, dorada. Cuando, de jovencitas, viajábamos en tren, veíamos ponerse el sol tras las montañas de nuestra tierra y siempre me decía: "que guapa estás...tu pelo parece de fuego...con todos esos reflejos y tus ojos se llenan de estrellas", yo sonreía, miraba sus preciosos ojos azules y le decía: "a mi sólo me dura un ratito esa luz, a ti, en cambio, el mar te acompaña siempre"...Nos queríamos mucho, la vida nos separó...

Durante el tiempo que estuve en El Cairo, aprendí, además de egipcio, a moverme como ellos, a vivir como ellos, con esa parsimonia despreocupada...fue curioso mi cambio, por que cuando llegué, la inercia de mis movimientos, acostrumbrada al ritmo trepidante de una ciudad como Milan, me llevaba a andar deprisa y corriendo a todos los lados...la gente me miraba y algunos sonreían, ahora comprendo por qué....pensarían 'pobrecita, otra que tal baila, ya frenará....'
En El Cairo, hacer las cosas a ritmo rápido, cansa, pero cansa mucho. Tanto que al tercer día de seguir mi ritmo, estaba agotada, necesité un día entero durmiendo para quitarme el agotamiento. Cuando me desperté aquel quinto día, supe que tenía que aflojar...me calcé las sandalias, me puse la camiseta, los piratas y sali a la calle...me situe detrás de un grupo de aquellas mujeres de las que antes os hablé...y segui su ritmo....al principio me costaba muchísimo; mis pies, ellos solitos, volaban....no, pensaba, para...despacio....sigue su paso, como ellas....

Tras tres días más de agotada lentitud, mis pasos, mi respiración, mis movimientos y hasta los latidos de mi corazón se habían adaptado gradualmente al tempo...a su tempo....

En El Cairo, las personas, se toman su tiempo para saludarse y también para despedirse....
Un día, mientras contemplaba los barcos pasar por el rio, una pareja se despedía....en El Cairo, no se muestran abiertamente los sentimientos las parejas, como acostumbramos aqui, pero se nota que se quieren por los gestos, las miradas...y por que eternizan hasta el infinito las despedidas....se miran, se toman de las manos (eso si), se sueltan, se da la vuelta ella, él la mira, avanza tres pasitos y se coloca frente a ella, entonces ella sonrie, se miran, se toman de las manos y así conté una docena de veces el ritual...automáticamente pensé en si se tomarían tanto tiempo y delicadeza en todos los menesteres de la vida....y sonreí.

Cuando llegué de El Cairo, mi ritmo de vivir la vida había bajado, estoy segura de que si me hubieran tomado las pulsaciones no hubiera pasado de cincuenta y tres...me gustaba tomarme el tiempo para las cosas, alargaba los saludos, las despedidas, las charlas con los amigos...poco a poco el tiempo me fue tomando, me fue haciendo prisionera y todo lo que aprendí en El Cairo ahora sé que lo he olvidado por completo.
Y lo sé tan seguro por que la otra tarde, cuando hubiera querido tomarme el tiempo a sorbitos, se me precipitó encima como una catarata y de pronto me vi sola...
Si hubieramos estado en El Cairo, eso no hubiera pasado...hubieramos eternizado aquella despedida.

lunes, 18 de enero de 2010

la visita



A mediados del siglo XXVIII, Florentina, más conocida como Flor se puso al servicio de los señores. Tenía muy buenas referencias, asi que cuando le llegó el enviado de palacio con la noticia de que era aceptada para entrar al servicio de la marquesa. Flor no cabía en sí de gozo.

Era joven, no muy alta, más bien delgada y no muy morena. Cuando le pusieron el vestido de sirvienta, ella se sintió una reina, por que era de la mejor tela que había tocado jamás, el delantal blanco y suave, llevaba en la cabeza algo parecido a una diadema blanca, con florecitas. La señora marquesa, como se le debía llamar, era de lo más moderno en cuanto a indumentaria.

Pasaron los años y Flor pasó de ser una simple criada a ser la encargada de todos los sirvientes de palacio.
El señor marqués era un hombre alto, muy alto, con porte elegante y ojos claros, tenía en Flor a una confidente, ella sabía casi todo de él, sabía de todas las posesiones del marquesado, sabía de la genealogía del Marqués, sabía que no quería a la señora, sabía que lo que más deseaba en el mundo era tener un hijo, sabía que la amaba...Flor era una mujer, muy inteligente y ayudó muchas veces al marqués a resolver conflictos en sus tierras.
Pero Flor no le amaba, le gustaba estar con él, aprendía de números, leía, escuchaba música, eso para una mujer de aquella época y además sirvienta era la máxima aspiración, pero no, no le amaba. Flor era respetada también por la señora marquesa, decía que desde que ella entró al servicio del señor, éste se había vuelto menos rudo, más amable, pero sobre todo, menos fogoso. ¿Celos de Flor? de ninguna manera, agradecida, si a un caso.

Una noche en la biblioteca, hablaban sobre un libro que ambos había leído...la conversación fue tomando intensidad y más intensidad hasta que toda la intensidad del mundo inundó aquella sala, se posaba sobre aquellos sillones, se colaba por aquellas ventanas y se escondía bajo aquellos tapices....una palabra llevó a otra, un roce llevó a otro, una caricia llevó a otra y al final acabaron rodeados de intensidad, rodando por las alfombras, al finalizar Flor supo perfectamente definir: intensidad...

Durante los nueve meses que siguieron a aquella noche intensa, a Flor la cuidaron como si de una princesa se tratara, no le faltaba de nada, eso si, sin salir de las habitaciones dedicadas al servicio...hasta ahí podíamos llegar.
Una noche de mayo, Flor tuvo un hijo varón, al cual llamaría José, en memoria de su padre.
El marqués estaba muy feliz con su hijo, la única que no estaba muy contenta era la marquesa, pues harta ya de tantos comentarios le impuso a su marido que se deshiciera de Flor y del bastardo.
El marqués muy a su pesar se despidió de Flor y de su hijo. Una noche lluviosa de febrero, un carruaje les dejó en un pueblo cercano a Valencia.
"nunca os faltará de nada, tendréis casa, dinero para gastar y José tendrá una buena educación..." le había dicho el marqués a Flor con lágrimas en los ojos...ella le había sonreído y asentido. Flor nunca llegó a amar a ese hombre, ni a ninguno, pero le tenía esa mezcla de gratitud-cariño-admiración, que también es una manera de querer...

El joven José, jamás le preguntó a su madre de dónde venía el dinero para educarle, para vivir, por que ella no trabajaba y no tenían a nadie más, a veces se escuchaba algun rumor, pero la conducta de Flor era intachable y entonces el rumor se desvanecía.

Vivieron años tranquilos, muy tranquilos.

Pasó el tiempo y José se casó con Mercedes, tuvieron una existencia de lo más corriente, nacieron de su unión cinco hijos. El mayor de todos también se llamó José.

José trabajaba en el campo, con sus cuñados, pues Mercedes tenía tres hermanos varones y algunas tierras que había heredado de su familia.
Un día, mientras José ayudaba a uno de sus cuñados a hacer una zanja, se le clavó una caña fina en el muslo, por la parte de atrás, como aquella herida era muy profunda y no dejaba de sangrar le llevaron con el carro a su casa. Mercedes se asustó mucho, su hermano pequeño le retiró la caña y la herida quedó al descubierto, José permaneció tres dias tumbado boca a abajo hasta que se cerrara la herida. Mercedes se la curaba tres veces al día, se la lavaba con agua tibia y sal, le aseaba, en aquellos tres día vio a su marido desnudo más veces de lo que le había visto en todos los años de matrimonio, pues aunque compartían intimidad, nunca se habían visto sin sus camisas de dormir y a plena luz del día.

Una tarde que José dormía, Mercedes, mientras le limpiaba la herida, se fijó en una mancha oscura con una forma curiosa que tenía su marido en la nalga izquierda una 'ese' dentro de un círculo...Desde aquel día, mercedes soñaba con aquella forma, la veía en un puerta a modo de aldaba, la veía en un papel a modo de rúbrica....tenía agobiantes pesadillas siempre con aquella marca oscura.

Pasaron los años, José y Mercedes, ya mayores descansaban una tarde de verano, José en su mecedora se había quedado dormido...
Mercedes oyó caballos, después la puerta y salió a atender, eran unos soldados muy bien uniformados, que preguntaban por José. Ella contestó que no estaba, que estaba fuera y que no volvería hasta el invierno. Los soldados le entregaron un pergamino enrollado, que ella desplegó por curiosidad, pues no sabía leer...
A Mercedes le rondaba la idea de hablarle a José de aquella visita, de aquel pergamino, pero no lo hizo, lo guardó en uno de los baules y se olvidó por completo de aquella tarde.

Años después el biznieto de José, Joaquinet, que asi le llamaban, subió a la cambra de casa de sus abuelos y se puso a revolver en los baules antiguos, encontró un pergamino y asombrado lo leyó, para resumir os diré que el niño interpretó que un señor muy rico y poderoso, pues poseía cinco palacios y no se cuántos terrenos, había muerto, como no tenía hijos, había que buscar a su bisabuelo José para entregarle todas aquellas riquezas y que no se las quedaran los curas....le entregó el pergamino a su padre.

el padre de Joaquinet, Joaquín....se presentó con el pergamino fechado un siglo atrás en el ayuntamiento de la ciudad, por ver si todavía se podía hacer algo con él.
Un señor con corbata le dijo que no, que aquello había "proscrito" digo prescrito y que todas las posesiones del marqués eran ya patrimonio de la ciudad....Joaquin, que entendió poco, por que aquel señor con corbata se explicaba más bien mal, aprovechando que estaba en Valencia se dió una vuelta por el Palacio del Marqués, más que nada, para intentar imaginar, qué hubiera pasado si su abuela hubiera atendido de otra forma aquella visita...

martes, 12 de enero de 2010

sms



Sinceramente odiaba su trabajo. Cuando se lo comunicaron estuvo a punto de renunciar, pero el consejo de un amigo le hizo reflexionar.
"Piénsalo, a lo mejor y con un poco de suerte, sólo es un pequeño paréntesis hacia tu adorado Sistema de Comunicaciones".
"Es posible", le dijo, pero aún así lo seguía aborreciendo.

Cada mañana le costaba vaciar la mente para volver a llenarla con palabras, frases inconexas, deseos, tormentos y ultimátums….estaba harta, realmente harta y un día les iba a dar una sorpresa a todos, si señor, una gran sorpresa.
Entraba en la máquina de vacío, como cada día y miraba hacia el trocito de cielo naranja ... cuentan que una vez fue azul….azul ¿cómo sería un cielo azul?

Nombre: Vida
Edad: 33
Sexo: mujer
Uniones: tres, actualmente sola
Hijos: ninguno
Rango: comandante

Una vez rellenada la ficha de recuerdo, se dirigía hacia la sala de investigación.
"Buenos días". "Buenos días, Señora", contestaban a coro mis subordinados.
"¿Qué tenemos hoy, chicos?" Mientras caminaba sin rumbo establecido, uno de sus ayudantes la seguía PDA en mano, punteando y diciendo en voz alta:
"Un PC de los antiguos, dos Mac, una agenda electrónica, y dos móviles." "¿Última generación?" preguntó poniéndose un lapicero de madera, de los antiguos, tras la oreja; no sabía el motivo pero era un gesto que le daba cierta tranquilidad. "No, no, señora, corrientes de los fáciles" le habían contestado. "Bien, pensó, hoy no tengo fuerzas para enfrentarme a esos demonios de última generación". Distribuyó el trabajo entre sus ayudantes y se quedó con los dos móviles.

Se sentó en su mesa de trabajo de cristal helado sobre patas metálicas color cobre, limpia, ordenada, impoluta….como ella, como su cotidianeidad.
Se puso los guantes transparentes y cogió el pequeño móvil rojo. Abrió con facilidad la tapa de seguridad y pese a la antigüedad que tenía, el interior permanecía increíblemente bien conservado. "Este, irá después al museo, se dijo. Está perfecto."
Sacó la pequeña tarjeta de memoria, bueno, pequeña para el siglo XXI, hoy en día, enorme, y la limpió de restos de tiempo. La insertó en el ordenador y este comenzó a procesarla.
Llamadas, fotos, contactos, música, sms…
Esto último le interesaba sobremanera, lo otro lo dejaba para las máquinas, los sms siempre los procesaba ella, a mano, como antiguamente, pensaba.
Cotejaba los enviados y los recibidos, pues si había fluidez en la comunicación no les daba importancia, ni siquiera los leía, simplemente una forma más de acercamiento entre dos individuos cualesquiera. No le gustaba el cotilleo.

Los no enviados, los colocados en la carpeta de borrador eran los que realmente le interesaban….los que no se llegaron a leer, los que eran pensamientos en letra escrita, no compartidos. Esos eran los importantes.

“posiblemente ya lo sepas, pero te echo de menos, ¿tú me echas de menos?”.
“12 días sin verte”.
”¿Comemos juntos el lunes?”.
“Sólo quería saber cómo estás”

Le encantaba fantasear sobre las vidas de los propietarios de esos móviles, el por qué de esos sms, las razones por las que siempre se quedaron sin enviar…a ella, apasionada de las relaciones humanas y de la psicología de la pareja, le servía de estudio profundo de la raza humana en aquellos tiempos, de sus formas de comunicación y de sus reacciones.

Nada de particular tenían esos sms, como tampoco los correos en la carpeta de borrador, pero para ella eran los más sinceros, era como encontrar un diario….madre mía, cuantos años hacía que no veía uno de esos diarios escrito a mano de los que se encontraban al principio en las excavaciones, la tecnología les quitó protagonismo pero aún así, ella todavía los había procesado y hoy se conservaban en el Museo de Emoción y Relaciones humanas.

Todas esas palabras escritas, bien en papel, o en una pantalla salían del corazón de los que las escribían y si quedaron sin enviar hay varios motivos, eso no es lo importante, lo importante es sentir lo que se dice y decir lo que se siente, por más duro, difícil o bello que sea…por eso empezó a trabajar en el campo de la comunicación, por que un día cuando era pequeña escuchó decir a alguien:
¿a dónde van todas las palabras que no se dicen…?

domingo, 20 de diciembre de 2009

mi primer polvo..................................(ron)


Me lo venía temiendo desde hacía semanas.....y finalmente me decidí.....hoy cae el primer polvo.

Esta mañana al levantarme el invierno me ha golpeado con fuerza; había pasado frío por la noche en la cama, a consecuencia de aborrecer prendas como el pijama, aunque bien pensado a falta de calor humano no estaría de más ajenciarme una prenda de 'esas'. Por eso me ha costado mucho entrar en calor el resto del día, pese a ducharme con agua calentita, los pies no han reaccionado y se han mantenido (y se mantienen) fríos cual carámbanos de hielo.

Prosigamos con el tema del polvo....el termómetro marcaba 2º en el exterior del coche y todo el campo amanecía escarchado otorgando al paisaje un aspecto de lo más navideño....."Menxu aguanta, resístete...." pensaba en silencio.
Tenía que hacer la compra semanal y mira que en eso soy muy metódica y no me suelo salir de la nota que llevo hecha......habrán sido los villancicos que sonaban incesantes por el altavoz del supermercado o los multiples pasillos repletos de material navideño listo para ser consumido; pero finalmente he sucumbido al aroma de la canela.....es que la canela me puede y alli me encontraba yo, en la línea de cajas con mi carro repleto de artículos de primera necesidad y .................. una bolsa de polvorones.....de la Estepa, de los de toda la vida......el aroma lo envolvía todo, se salía del envoltorio y llegaba a mi nariz en forma de un "cómeme, cómeme...."

Ya en casa y con los pies igualmente fríos que a primera hora de la mañana (bueno están asi hace ya un par de días) me he dispuesto a colocar la compra en los armarios.......y me he dejado los polvorones para el final (no vaya a ser que me tienten).........otra vez el olor intenso de la canela.....y estas palabras acechando en mi cerebro......"el primer polvo......el primer polvo......."

He cocinado, comido, retirado la mesa; he fregado los cacharros y cuando me iba a sentar...........de nuevo la idea peregrina......"el primer polvo".......y ........... no me he podido resistir.

He abierto la bolsa, colocado los povorones en una bandeja que tengo para ellos solitos......y que sólo saco en Navidad.
Me he sentando a una distancia prudencial, mirándolos de reojo........una vez más....... la canela lo ha envuelto todo con ese aroma especial y único.
Al carajo todo y voy directa a por mi primer polvo...............(ron)
Ha sido delicioso.......me encanta comer polvorones.......los abro con cuidado para que no pierdan su forma (nada de estujarlos o cosas raras de esas que hace la gente)........y ahi mismo en su papel aspiro con fuerza todo su aroma dulzón.........voy cogiendo trocitos pequeños, me los meto en la boca y con mi lengua los comprimo contra mi paladar, no los mastico; los degluto (así me dijeron que se dice).......aaaaaaah, la sensación es máxima.......su sabor dulce inunda toda mi boca......me encanta.
Nunca doy bocados grandes para no atragantarme.......no vaya a ser que se me atragante el primer polvo.................(ron).
Me produce mil y una sensaciones que ya no se repetiran hasta el año próximo cuando una vez más decida volver a inciar el rito.
El resto de polvorones tienen el mismo sabor...........si, pero no se saborean igual.....el primero, siempre es el primero.

martes, 15 de diciembre de 2009

un cuento...


Una tarde un montañero regresaba de un escalada al pico Surgido, bajaba por las temibles laderas de la cordillera Vital...bien es sabido por todos los amantes del monte que si duro es un ascenso, un descenso puede serlo todavía más.
Llegando exhausto al lago Remanso, advirtió a lo lejos la silueta de una mujer recortada entre las últimas luces del atardecer....visto y no visto, tal que la vio la dejó de ver.

Extrañado el montañero y con su vivaz curiosidad se dio un rodeo por el lado del lago en el que vio a la mujer....y ¡sorpresa! la encontró tumbada en la hierba, desfallecida y desmadejada. Vaya _pensó el montañero_ que mujer tan extraña, mira cómo va vestida, y su cabello todo lleno de flores....deben ser tradiciones populares.
Intentó reanimarla con algo de agua del lago, le acercó un dulce a los labios, pero no hubo respuesta, mantenía los ojos abiertos pero parecía dormida. La noche iba avanzando y con ella el frío en aquel lugar recóndito del País Confusión.

El montañero se paró a pensar, cargar con la mujer iba a ser un duro trabajo hasta el pueblo y dejarla ahí, así desfallecida, no podía.
De pronto y de su más íntimo recuerdo una voz femenina le susurró 'fierabrás.....fierabrás....'
¡Claro! pensó el montañero, el bálsamo, buscaré los ingredientes y lo prepararé para ella.

Toda la noche le llevó al montañero conseguir todos los ingredientes para la elaboración correcta del bálsamo. Cuando regresó al lago, la mujer seguía tendida en la orilla, mientras él preparaba el bálsamo no le quitaba la vista de encima por si ocurría algún cambio en ella, pero nada....hacia la madrugada ya tenía lista la pócima mágica que todos los males cura.
Bien sabía el montañero, por que así se lo había explicado claramente su abuela, que el bálsamo de fierabrás era una receta secreta revelada sólo a los elegidos; en cada lugar del mundo su elaboración era distinta pues dependía de los ingredientes del lugar en cuestión pero siempre daba como resultado la total sanación de aquel que la tomara; mucho cuidado había que tener pues no podía errar en lo más mínimo en su elaboración, un solo fallo, el más insignificante y el bálsamo podía convertirse en el veneno más letal...

Cuando el sol comenzó a brillar por el horizonte, tomó a la mujer entre sus brazos con delicadeza y con sumo cuidado le dio a beber el bálsamo, pensando en silencio: "cierra los ojos....con cuidado, bebe despacio".

Pasaron las horas y no se produjo ningún cambio en la mujer solamente sus ojos se habían cerrado... de esa manera parecía que se había despedido de la vida.

Tarde, he llegado demasiado tarde _se dijo el montañero con lágrimas en los ojos_
O lo que es peor, me he equivocado de ingredientes. Necio, soy un necio por pensar que sabía hacerlo, que podía hacerlo...

Recogió sus bártulos y su pena y se dirigió al pueblo a comunicar a las autoridades la fatal noticia de la mujer fallecida en el lago.
Así, con la tristeza metida en su mochila, volvió a su casa, a su trabajo, a su vida.

Pasado el tiempo, el montañero que no había regresado a la cordillera Vital desde aquel negro día, preparó un ascenso por otra de las laderas de difícil acceso, la ladera de la Verdad.
Con todos los preparativos olvidó lo más importante: la ilusión por subir.
Comenzó el ascenso desmotivado, triste y cabizbajo....tanto así, que al llegar al Alto de la Libertad, no pudo seguir, resbaló y cayó rodando por toda la ladera hasta llegar al lago Remanso donde se topó con un pedrusco que le golpeó la cara y le dejó aturdido y somnoliento.
En uno de los sueños, el montañero vio acercarse a una mujer con flores en el pelo que no caminaba, flotaba por el aire, ligera, etérea....

Cuando despertó de su inconsciencia, ella todavía permanecía sentada a su lado, mirándole con esos ojos de noche infinita y sonriéndole como jamás nadie antes le había sonreído....más que con los labios con su rostro entero.
El montañero la miró extrañado, como si estuviera viendo visiones pero entonces la mujer dijo:

"Cierra los ojos"
Yo confiada los cerré.
"Ahora, bebe"
Y bebí.....podrías haberme matado.....pero sané.

Con aquellas breves palabras, el montañero lo comprendió todo....era ella.

Cuentan las leyendas que aquella mujer fue un hada del lago que salió del agua para ver el mundo sin saber que no podría volver a entrar y que moriría en el exterior.
Dicen que el bálsamo de fierabrás que especialmente para ella creo el montañero le salvó la vida.
Cuentan que caminaron juntos por muchos años. Que ella nunca perdió su sonrisa y él jamás su ilusión...

miércoles, 9 de diciembre de 2009

María


Mi bisabuela María se crío en Sevilla, en el cortijo con sus tías ricas.
Su padre era buhonero de aquellos de carreta atestada de bártulos y andaba con su familia por los caminos de aquella España, no me pregunten por qué se dedicaba a esos menesteres cuando sus hermanas solteras tenían una posición muy acomodada, esos datos se obviaban en los relatos de sobremesa.
Así que estoy como ustedes sin ninguna idea concreta, pero con varias suposiciones...

Volvamos a María, arrancada de su seno familiar cuando apenas rozaría los diez años, suficientes por el contrario, para forjarle un carácter libre y soñador.
Le gustaba su vida en la carreta con sus padres y hermanos, le gustaba ver las estrellas antes de dormir, lavarse ... o no, en fin, vivir en libertad.
María en el cortijo se asfixiaba, le molestaban las tenacillas al hacerle los tirabuzones, le picaba el cuello de organdí del vestido nuevo, le sobraban los volantes del vestido, le estiraban las coletas y los lazos...María iba a un colegio de señoritas, de los que enseñaban, a bordar, cómo colocar una mesa, cómo caminar con porte elegante, como hablar con el abanico, como bajar la vista ante un hombre....María penaba por ese mundo sibarita...fueron pasando los años tediosos, monótonos, asistía a bailes de sociedad y conciertos de música clásica; sentada en su butaca del palco, medio a oscuras la música comenzaba, María se escurría en su butaca, se escurría y se escurría hasta que quedaba sentada en el suelo, con la cabeza sobre el asiento, durmiendo a pierna suelta....se aburría.

"Niña, quita esa música 'ratonera' que no la soporto y ponme un ratito a la Piquer" _decía años después_

María se escapaba todas las noches a hurtadillas, a las cuadras para oler a estiércol y a ese olor a animal, respiraba la noche, olisqueaba la hierba fresca, era de las cosas que más le gustaban en el mundo y no esos perfumes traídos 'vete tu a saber de dónde' en los que le obligaban a bañarse sus tías.
Se tumbaba en el suelo en alguna cuadra y miraba las estrellas desde el ventanuco...soñaba, soñaba...... y soñaba.

Vicente, la veía venir a las cuadras todas las noches y la espiaba; María se soltaba el pelo, se aflojaba la camisa de dormir y olía a los animales como si estuviera loca de atar.... 'Esta chiquilla' pensaba él.
Una noche la encontró, como tantas otras, pero esta vez se atrevió a hablarle:
"Señorita, refresca y no debería estar aqui"
"Ay, Vicente, lléveme de paseo con Zafiro, bien sabe usted que las tías no me dejan montar, y quiero ver el río"
Vicente, que hubiera bebido los vientos por Maria, si hiciera falta, consintió.
Ensilló a Zafiro, la ayudó a subir y a colocarse 'como Dios manda' a la grupa del caballo, no a horcajadas como ella prefería, de un salto se colocó él y partieron.

Fue el viento, el río, la noche o Zafiro, pero sellaron aquella noche de junio con un amor para toda su vida.

María acostada en su blanco lecho sabía lo que pasaba lo llevaba sabiendo tres meses, 'aquello' ya se movía.
Nos amamos, les dijo a sus tías...un fardo de ropa de trabajo, comida para una semana, unas monedas y a Zafiro...por supuesto.
La desheredación y el destierro...por descontado.

Iniciaron el camino, largo y seco hasta Extremadura, tierra como su nombre indica, extrema y dura, tierra de conquistadores y hombre bravos; no era así el pobre Vicente, que enfermó en el camino, dos semanas después de dejar el cortijo y murió en la tercera.

Maria llegó a Trujillo en su sexto mes de embarazo, extenuada y sola.
La madre de Vicente no la recibió, no había para alimentar dos bocas más. Le cerró la contrapuerta, antes si cabe, de decirle que Vicente, su hijo, había muerto pero que ella llevaba en su vientre a su futuro nieto.
María marchaba del pueblo cuando se cruzó con un pastor que la miró bien mirada de arriba a abajo, ella le sostuvo la mirada por que no era lasciva ni obscena, sino dulce y amorosa, como fuera una vez la de Vicente.
Así conoció a Isidoro.

Isidoro y María se casaron y bautizaron a Vicentito, el mismo día, Isidoro era primo hermano de Vicente, cosas de la vida...pastor y un buen hombre...

No vengo a decirles que María amara a Isidoro como antes había sucedido con Vicente, pero estuvieron juntos toda la vida, quizás el amor tome formas distintas con las distintas personas y nunca se presenta igual...pero mi bisabuela María me decía, niña tú ama, aunque no esté permitido, pero tú ama; este, y entonces se daba golpes en el pecho, cerca del corazón, que se mueva...
desde la cocina se oía la voz de mi abuela que decía 'madre, no le diga esas cosas a la niña que me la va a volver pajarera'...
pajarera o no....mi bisabuela me enseñó, la clase de amor que mueve el mundo, en ella lo vi...
De mi bisabuela María dicen que tengo los ojos, el arrebato andaluz, la fuerza y la rebeldía....yo no lo sé.
...Más Marías por favor....

jueves, 3 de diciembre de 2009

Valeria



Valeria madruga todos los días, trabaja en las afueras en una residencia de ancianos, de esos ancianos que el tiempo les fue arrebatando todo y hoy están solos, muchos juntos, pero solos...no hay días de descanso, trabaja mucho para mandar dinero a su casa, su mamá hace tiempo que enfermó ya no puede trabajar y Dario debe seguir estudiando...Valeria vino a este país hace tres años y se instaló en la capital, al principio con una prima hermana, pero esta marchó a la costa a trabajar y Valeria se quedó sola. Para ella sus viejitos son su familia y el asilo casi su hogar. Tiene un amor, un gran amor, si no fuera por Él, su vida estaría vacía...Él mueve su pequeño mundo, no hay día en que no se vean... Valeria no puede vivir sin Él.

Nerviosa se cepilla su largo cabello negro y con esmero se teje una trenza de esas interminables...recoge los cacharros del desayuno, coloca la ropa en el armario, hace con delicadeza su cama, pone de comer a 'suorgullo' que ronronea dando vueltas al platillo, mira a su santa, se santigua y se va.

Camina rápido por la calle vacía, el pulso se le acelera, los nervios en el estómago, a medida que se acerca al lugar de encuentro se le va erizando el vello, un golpe de viento helado le suelta un mechón de su trenza, ella se mira en un escaparate, se arregla el mechón, se sube el cuello del abrigo, hace frío, se ajusta el cinturón del abrigo.

YA ha llegado; sólo falta esperar, espera impaciente mirando el reloj... y la curva, el reloj... y la curva, el reloj... y la....
Ahí está!!!
Los ojos se le iluminan, la sonrisa se instala en su cara, el corazón.....uffff.... Él llega...

Buen día.
Buenos dias.

Valeria se sienta como cada día en el asiento más próximo al conductor, el bolso en su regazo, las piernas bien juntitas, la espalda recta y la barbilla alta.
Le ve por el espejo que hay delante de Él, sus ojos, su boca...se embelesa con lo que ve y el trayecto se le hace corto contemplando...contemplándole.
'Ding' parada solicitada, es la suya.

Hasta mañana...como cada día, no recibe respuesta...
Valeria, suspira, se pone una mano en el pecho para aquietar al corazón que, desbocado, parece que vaya a salírsele por la boca, sonríe y piensa...mañana te volveré a ver amor mío.